Todo o nada

Publicado en por Israel

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El mejor crossover de todos los tiempos no está protagonizado por dos superhéroes de casas distintas. No. El gran cruce comiquero se produjo cuando unieron fuerzas los gigantescos Stan Lee y Moebius en una extraordinaria aventura de Estela Plateada. Si no me equivoco, ese trabajo está aún por reeditar. Cuando lo publicó Forum, el álbum incluía artículos de los dos autores. El de Moebius, donde explica las dificultades y los retos que le supusieron adaptarse a la metodología marveliana, es todo un manual para los que quieran dedicarse al oficio de crear sueños y realidades con viñetas. Cito un largo extracto de ese texto porque contiene una interesante reflexión sobre la importancia de la rotulación. Decía Moebius:

 

"(...) Para mí, la rotulación entra dentro de la grafología: refleja tu propia personalidad. Una página de cómic sin texto tiene personalidad propia. pero cuando añades los bocadillos, toma un look completamente nuevo, diferente. Por ejemplo, al principio estaba algo descontento del look de mis páginas de Estela Plateada. Sin los bocadillos, creía que tenían un aspecto demasiado torpe, demasiado monótono. Pero cuando las rotulé, cambiaron completamente. Se convirtieron en algo completo, dinámico. La rotulación me reconcilió con ellas.

 

Por eso no llego a comprender por qué un dibujante confía algo tan sustancial en otras manos, no importa lo buenas que puedan ser. Un rotulista puede ser un profesional, pero, seguramente, es alguien que ya no ve la rotulación como algo divertido, sino como un trabajo más. Para mí es monstruoso que una parte fundamental del look de una página, esté realizado por un extraño.

 

Si la letra de un dibujante no es legible, debe aprender. Yo tomé mi propio estilo de Jijé, que a su vez estaba influenciado por los maestros norteamericanos, como Caniff. Lo hago lo  mejor que puedo. Mi letra está viva, recorre el papel, refleja mi personalidad (...)".

 

 

Vaya. Como siempre anda entretenida criticando malas traducciones (en la mayoría de casos, eso sí, sin haber visto el original), la afición había pasado por alto esta derivada tan concreta del tira y afloja entre versión original y doblaje. En cualquier caso la lección está clara: el buen cómic, el que merece ser conservado en una bolsa de plástico para evitar que la caja de cartón lo consuma con sus terribles ácidos, es cuestión de TODO o nada.

 

 

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