Felicidades, maestro Ibáñez

Publicado en por Israel

  

 

Ibañez

 

 

 

Para felicitar por partida doble al maestro Francisco Ibáñez cuelgo aquí la versión pregunta/respuesta de la entrevista-celebración que he realizado para EL PAÍS. Así se pueden leer algunas de las contestaciones que cayeron por motivos de espacio en el otro texto. Ahí va:

 

 

“¿Novela gráfica? ¿Qué es eso?”

 

 

Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) cumple hoy 75 años. Otros se habrían retirado hace tiempo, pero él sigue al pie del cañón. Poniendo coña a la actualidad, está trabajando en un nuevo álbum de Mortadelo y Filemón titulado Jubilación a los 90. De seguir así, será un título profético, porque Ibáñez es el gran currante de la historieta española. Ha vivido décadas pegado a la mesa de dibujo. En sus palabras: “Si escribiera una autobiografía sería un libro muy breve. Me bastaría con dos líneas y diría algo así: ‘¿Quién fue Ibáñez? Pues un tipo que trabajó, trabajó y trabajó y no hizo nada más’. Esto no tiene ningún interés. Si ni siquiera he cambiado nunca de esposa, ni de hijos”.  En definitiva, cualquier excusa es buena para charlar con Ibáñez.

 

Pregunta. Ya que estamos de cumpleaños, usted ha celebrado diversas efemérides históricas en sus tebeos. Es más, una de las últimas entregas de Mortadelo y Filemón se titulaba, ay, Chernobil… ¡qué cuchitril!

 

Respuesta. Calla, calla… Pero y tanto. Por ejemplo dediqué uno a no sé que aniversario de Darwin aunque imaginaba que algunos lectores no tendrían ni idea de quién coño era. Pero gracias a Darwin podía dibujar muchos bichos y arreando.

 

P. Ahora publica tres álbumes de Mortadelo y Filemón al año, pero hubo épocas en las que hacía hasta seis.

 

R. Sí, hace cuatro días de eso, eh. En nuestra profesión, lo normal para el que quería dedicarse a esto era un promedio de cinco o seis páginas semanales. Hacer 10 era una heroicidad. Llegar a 15 páginas semanales, imposible. Pues yo estuve haciendo 20. Ni vacaciones, ni fines de semana, ni nada. Solo tablero y tablero y tablero, que tenía el culo plano de tanto taburete. Ahora lo de publicar tres álbumes al año es un descanso. La de veces que me he ciscao en Mortadelo y Filemón por esclavizarme tanto.

 

P. Entre gag y gag, por su apego a temas actuales, hay en Mortadelo y Filemón toda una crónica de la historia española reciente.

 

R. A mis lectores les hace gracia que saque a personajes reales, por ejemplo a los políticos. Yo no me defino ni como de izquierdas, ni como de derechas. En mis tebeos reciben todos. Llevo más de cincuenta años en esto y, si se quita todo lo disparatado, es verdad que se podría seguir muy bien lo que ha sido la historia reciente de España a través de las páginas de Mortadelo y Filemón. Ha salido todo, desde el Mundial de fútbol del 82 al paro actual.

 

P. ¿Ha sido eso intencionado?

 

R. Sí, siempre he sido consciente de esa crónica singular. De la misma manera que pienso que si el niño empieza leyendo tebeos es más fácil que acabe en Kafka y otros sesudos.

 

P. Conocida su humildad,  si le llaman maestro, ¿sale corriendo?

 

R. Hay cosas que llevo fatal. A mí me gustaría que existieran Mortadelo y Filemón para poder endosarles a ellos las entrevistas o el autobombo de la publicidad. No por nada, pero coño es que soy muy tímido. Lo agradezco mucho, pero sólo he buscado un reconocimiento, el del público. Mi objetivo era llegar a la gente, tener su cariño y eso lo he conseguido.

 

P. Ha tenido que pelear mucho por sus derechos de autor, porque en Bruguera no se estilaban nada.

 

R. En Bruguera entraba un chorro de oro con Mortadelo y Filemón. Era una explotación espantosa. Todos los personajes eran de la editorial. Y más aún: eran los propietarios de las ideas, de las páginas del autor y si te dejabas, hasta de la mujer del autor, de los hijos del autor y del gato del autor… Sin embargo, gracias a Bruguera conocí a grandes compañeros de la profesión, como Cifré, Conti, Peñarroya, Escobar, Vázquez, Raf… Hacer alguna cena con ellos o hasta jugar una partida de póker de vez en cuando era una alegría.

 

P. No me dirá que jugaba a las cartas con Vázquez… Con esa fama de pillo, tendría usted todas las de perder.

 

R. Con Vázquez, ni loco. He visto la película sobre su vida y hay cosas que no fueron así. Por ejemplo, hay un momento en el que parece que me roba la cartera. A ver, Vázquez era un sablista, pero carterista no. Éramos muy amigos, aunque yo  intentaba mantenerle lejos porque lo primero siempre era el intento de sablazo.

 

P. ¿Y qué le parece la actual movida de la novela gráfica? Usted sale en una, El invierno del dibujante (Astiberri), de Paco Roca.

 

R. Novela gráfica, ¿qué es eso? Por no llamarles tebeos o historietas, se han inventado ese nombre pijo.  Si con eso se consiguen mejores ventas, pues no me parece mal. Todo cambia. Antes los héroes eran tíos cachas con una espada repartiendo hostias. Hoy en día los héroes de las historietas son tipos más bien jorobados que se aburren frente a un ordenador. Normal. Sea como sea, los tebeos deben recuperar popularidad o morirán. Porque la historieta es eso, cultura popular. Antes te cerraban una colección si bajaba a 50.000 ejemplares y ahora cualquier editor se daría con un canto en los dientes  por conseguir ese número. Ojalá que las historietas volvieran a inundar los quioscos. Y yo de todo lo mío, me quedo con mi Rompetechos.

  

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