ADN (XIV)

Publicado en por Israel

odio

 

 

   Para mí, el Odio (La Cúpula) de Peter Bagge es ADN del ADN. Es decir, esencial total. Tuve la suerte de entrevistarle para EL PAÍS en 2008 cuando acudió al Salón del Cómic  (Bagge presentaba en la cita barcelonesa Apocalipsis Friki) . Reproduzco aquí la charla. Elimino las referencias temporares y calzo algún retoque, pero mantego los comentarios del autor sobre el Génesis de Crumb, por entonces en preparación. La recupero porque me lo pasé muy bien escuchando a Bagge y espero que en el texto se perciba ese buen rollo. 

 

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   Tiene pinta de papá responsable, pero enseguida asoma esa mordacidad gamberra que le convirtió en un pope del cómic alternativo gracias a la serie Odio, una crónica imprescindible de la época dorada de la escena grunge de Seattle protagonizada por el mediocre y feúcho Buddy Bradley. Los años pesan, pero Peter Bagge ni se rinde, ni da tregua.

 

   Mientras que los superhéroes de tebeos acaban multiplicándose en un sinfín de figuritas para coleccionistas, el careto de su criatura más famosa engalana una bizarra marca de preservativos. "Los condones de Odio son un fracaso, pero es normal. ¿Quién va a querer tener la cabeza de Buddy en la polla?", espeta Bagge, y añade: "Tengo muchos fans españoles. Me siento como David Hasselhof".

 

   Eso sí, como siempre, la realidad está alejadísima del mito. La juventud de Bagge fue totalmente opuesta a la de sus personajes: nunca ha sido un juerguista. "Los tipos de mis cómics son mucho más locos que yo", asiente. Pero en el Seattle de principios de los noventa era imposible escaparse de una movida musical y de un estilo de vida que te encontrabas a cada paso. "Conocía a mucha gente que tocaba en grupos de grunge o que trabajaba en discográficas independientes como Sub Pop. No iba a conciertos, pero me pasaban maquetas para pintar las portadas. La mayoría de aquellas bandas sonaba fatal, la verdad".

 

   Bagge también le da a los acordes rockeros, aunque toque con amigos en "una banda de viejos gordos". Les van las leyendas de los sesenta, The Beatles y cosas así. "Pero sin pasarse de clásicos. Detesto la ópera", aclara a golpe de carcajada. Si bien se reconoce como discípulo de Robert Crumb, prefiere etiquetar sus cómics de alternativos, en vez de disfrazarse de underground. "Empecé a dibujar cómics porque me gustaban las obras de Crumb. Soñaba con ser un artista underground, pero cuando me definí así algunos de ellos se enfadaron conmigo, porque decían que quería apropiarme del término", lamenta.

 

   El autor de Sudando tinta, su singular homenaje a la industria de la historieta, ya ha tenido ocasión de ver algunos de los dibujos que Crumb está realizando para ilustrar el libro del Génesis. "Son unos dibujos maravillosos. Crumb siempre ha sido más espiritual que yo. Antes me reprochaba mi falta de espiritualidad, pero después de leerse el Antiguo Testamento reconoce que está lleno de machistas y homófobos. Algo es algo", se felicita con sorna. 

 

   Es la misma ironía que despliega en Apocalipsis Friki, paranoia en viñetas publicada en español por Ediciones La Cúpula. "La trama de Apocalipsis Friki se me ocurrió porque escuché en la radio a un diplomático de Corea del Norte que decía que su país tenía suficientes armas nucleares para borrar del mapa a Seattle, que es donde vivo. ¡Hostia! Eso me afectó mucho. Con una amenaza así, ¡Seattle arrasada!, y Estados Unidos perdiendo el tiempo en Irak...", concluye Bagge, antes de soltar una última perla-bofetón:  "El éxito lo veo como una recompensa a los años en los que estuve trabajando duro sin que nadie me hiciera caso. Pero, ojo, no he cruzado la frontera. A veces me ofrecen encargos muy bien pagados que rechazo, como cuando me pidieron que hiciera los carteles de Padre de familia. Dije que no, porque esa serie me parece una mierda". Puro Bagge.

 

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